El gigante uruguayo Sebastián Balsas sacó a flote a San Lorenzo de Almagro, que logró los tres puntos que lo revitalizan en este torneo Apertura al vencer cerca del epílogo al encumbrado Racing Club 2-1 en el Cilindro de Avellaneda.
Balsas bajó a su oponente valiéndose de su especialidad, el cabezazo, y así lo dejó sin punta y sin invicto. En el primer capítulo el gol de los dirigidos por Ramón Díaz lo había convertido el mediocampista Guillermo Pereyra, al rematar desde fuera del área grande abajo y a la izquierda del paraguayo Roberto Fernández.
El empate provisorio había sido producto de otro disparo esquinado desde fuera del área grande, el que envió el ídolo de los académicos, Pablo Luguercio. De momento el único líder es Vélez Sarsfield, que este sábado doblegó a Argentinos Juniors 2-0 y continúa con puntaje ideal. San Lorenzo consiguió ponerse en vantaja en una de las pocas situaciones que creó a lo largo de un primer tiempo en el que la tenencia de balón estuvo alternada y hubo bastante fricción en el mediocampo.
En el segundo período San Lorenzo le cedió la posesión del balón a Racing, que fue en busca del empate, sobre todo con entusiasmo.
La paridad en el tanteador llegó a los 10 minutos, mediante un remate de Luguercio cruzado, a la derecha de Damián Albil, tras un pelota que perdió Sebastián Luna y una asistencia de Toranzo para el delantero.
El trabajo de Yacob en la zona de volantes siguió siendo de lo más destacado en el conjunto albiceleste porque en el duelo de números cinco contra su ex compañero Juan Manuel Torres prevaleció con claridad.
Después de una meseta bastante importante en cuanto a las situaciones de riesgo, San Lorenzo se fue acercando a una alegría con el simple recurso de los centros.
De todos modos, tuvo una chance muy clara por abajo cuando el uruguayo Emiliano Alfaro salió disparado desde la mitad de la cancha, se escapó y fue incapaz de resolver frente a Fernández, quien tapó de modo destacado.
A los 40, Balsas dio una muestra de su peligrosidad al cabecear un córner que forzó a Roberto Fernández a desviar el esférico por encima del travesaño.
En la jugada siguiente, el propio artillero oriental, que le ganó en el salto a Lucas Aveldaño, colocó la pelota junto al ángulo superior izquierdo.
En definitiva, fue un premio para la eficacia que alcanzó el conjunto azulgrana ante una Academia que dispuso durante mayor tiempo del balón.
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